Una de mis bailarinas favoritas posa como modelo en el número de septiembre de 2011 de la revista Vogue (edición Rusia). Fotos de Patrick Demarchelier. Estilismo de Katerina Mukhina. Me gusta.
Otoño soleado, piel sana. Fotoprotégete.
Una de mis bailarinas favoritas posa como modelo en el número de septiembre de 2011 de la revista Vogue (edición Rusia). Fotos de Patrick Demarchelier. Estilismo de Katerina Mukhina. Me gusta.
Otoño soleado, piel sana. Fotoprotégete.
Me he levantado risueña. Ni feliz ni satisfecha. Risueña. Pizpireta. Contentilla. Me apetece celebrarlo con dos secuencias de la película Funny Face (Una cara con ángel, 1957), de Stanley Donen, protagonizada por la maravillosa Audrey Hepburn. En el primer video sale Audrey bailando en un club parisino subterraneo, disfrazada de musa existencialista. En el segundo vídeo, la no menos fabulosa Kay Thompson interpreta el número musical Think Pink! (¡Piensa en rosa!).
El color rosa está tradicionalmente asociado a las chicas (y el azul, a los chicos). No me parece mal. Me gustan las niñas cursis que adoran las cosas rosas.
Mi color favorito depende de cómo me levante: puede ser el rosa, el azul, el amarillo, el blanco, el índigo. En cualquier caso, ¡qué bien se siente una viendo la vida en rosa!
Soy una mujer adulta. Lo que no sé es desde cuándo soy una mujer adulta. ¿Me hice adulta al cumplir los 18 años? No. ¿Me hice adulta al enamorarme del padre de mis dos hijas? Tampoco. ¿Me hice adulta al dar a luz por segunda vez? Me parece que tampoco. ¿Me he hecho adulta en estos últimos años? Quizás sí. Aunque, ahora que lo pienso, yo fui una niña seria y responsable, inteligente y ordenada, atenta y curiosa. Vaya, que para muchas cosas era más adulta con diez años que con cincuenta.
Tres fotos de David Hamilton.
Cuando muere un artista, desaparece su obra futura. Esa es, muchas veces, la peor pérdida. La más escandalosamente catastrófica e irreparable y fea. El día que murió Hitchcock, también murió el cine. Al menos, el cine de Hitchcock. Y eso es mucho cine. No sé si me entendéis.
Ayer leí a Edwin Denby, mi crítico de ballet favorito (sí, yo tengo un crítico de ballet favorito, aunque suene raro, rarísimo). Ahí van dos frases de un artículo suyo que me dejaron temblorosa de gusto. Las escribió en 1953. Se publicaron en la revista Dance Magazine.
Sobre el significado de una obra de arte: “Es lo que a uno le gusta de algo mientras lo está disfrutando sin pensar en por qué le gusta”.
Sobre el objetivo de cualquier obra de arte: “Tratar de ser tan maravillosa como sea posible dentro de sus bellas y voluntariamente limitadas formas de conseguirlo”.
En la foto: Diana Vishneva
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