La piel es el órgano más grande del cuerpo humano. La piel forma una barrera que impide la entrada de sustancias tóxicas al cuerpo. La piel nos protege contra muchos traumatismos externos. La piel impide la penetración de microorganismos capaces de provocar enfermedades. La piel controla la pérdida de líquidos y regula la temperatura corporal a través de la transpiración. La piel nos protege de los rayos solares nocivos (radiaciones ultravioleta e infrarroja).
Por eso, y por muchas otras razones, necesitamos cuidar nuestra piel.

Existen, al menos, 6 tipos de piel: grasosa, seca, mixta o combinada, sensitiva, normal y con acné. Cada una de ellas necesita productos y tratamientos particulares.
Por ejemplo:
PIEL GRASOSA: Resistente. Brillante. Con puntos negros y poros alargados. A veces, con escamas alrededor de la nariz. Suele mantenerse más joven que las demás. Su brillo está provocado por una acumulación de secreciones de la piel, las cuales obstruyen los poros y crean espinillas. Para este tipo de piel la limpieza es muy importante. Las cremas y limpiadoras fuertes no son recomendables, ya que estimulan las glándulas sebáceas. Los jabones y cualquier otro producto que contengan mucho alcohol deben de evitarse, ya que estos hacen que la piel se irrite y reseque. Se recomienda la exfoliación usando productos con gránulos, exfoliantes líquidos que contienen enzimas o peelings con ácidos frutales, ácido salicílico y otros similares.

PIEL SECA: Produce poco sebo y aceite natural. Los factores climáticos, como el sol, el viento y la contaminación, la deterioran y la hacen quebradiza. Presenta poros pequeños, es suave y rara vez llega a presentar barros, espinillas o puntos negros. Se recomienda usar todo tipo de humectantes: crema limpiadora, loción limpiadora a base de aceites, etc. No es recomendable el agua muy caliente en baños y duchas. Sí que hay que beber agua, en abundancia. La zábila y el aceite esencial de neroli ayudan a mantener la piel suave. Exfoliar la piel seca con cuidado ayuda a quitar las impurezas que la misma piel produce por la resequedad.

PIEL MIXTA O COMBINADA: Presenta secreción de las glándulas sebáceas en mayor cantidad que la piel seca, provocando que en zonas como la nariz y el mentón se note más la grasa en el rostro. También en el cuerpo se da esta variación, como puede ser en la parte alta de la espalda y la parte de delante o detrás de las piernas. Aplicar cremas para piel mixta y lociones que ayuden a suavizar. Limpiar la piel todos los días con agua tibia. Usar geles y exfoliar suavemente.

PIEL SENSITIVA: Puede llegar a presentar capilares rotos, vasos sanguíneos visibles, así como áreas secas que se irritan fácilmente. Es ligeramente seca y de reacciones alérgicas. Este tipo de pieles pueden llevar una carga genética importante. Es una piel que requiere mucho cuidado y es fácil de dañar. Hay que evitar los baños tipo sauna, no sacarse las espinillas, evitar la exposición al sol (o usar siempre protectores solares), utilizar productos que no causen irritación e hidraten mucho, cuidar la alimentación, beber abundante líquido, no exfoliar con frecuencia (y sólo con exfoliantes con ácido o encimas, sin gránulos), usa agua templada o tibia (nunca caliente o fría).

PIEL NORMAL: Se caracteriza por el balance entre la grasa y la sequedad. No son frecuentes barros, espinillas ni puntos negros. Esta piel es firme y posee poros pequeños o medianos. Es fina, flexible y suave. Puede conservarse mucho tiempo. Utilizar un jabón normal (Ph normal), usar agua tibia, cremas para piel normal, comer saludable, utilizar lociones humectantes normales.

PIEL CON ACNÉ: Es grasosa. Presenta problemas de acné. Si no se cuida adecuadamente, la persona puede quedar con muchas cicatrices. Este tipo de piel cierra todos sus poros y el nivel de grasa es alto. Llega a empeorar en situaciones de estrés, estreñimiento, menstruación y en caso de consumir comida grasa. Los cambios hormonales también influyen mucho. Se recomienda una limpieza diaria con jabón de arcilla y agua de tomillo. Aceites recomendables para las pieles con acné: mandarina (acidificante, exfoliante y humectante); árbol del té (fungicida, antiséptico, regenerador); hipérico (bactericida y descongestivo); alcanfor (estimula la circulación, astringente); caléndula (estrogénico y calmante); enebro (depurativo, cicatrizante y astringente); pachulí (antiinflamatorio, antiséptico); lavanda (regulador sebáceo, calmante).
Gracias a Luz Azul por la información.
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