
El efecto más evidente de una exposición solar continuada es la aparición de quemaduras en la piel. Salen a las pocas horas de exposición y alcanzan su punto álgido entre las 24 y las 36 horas. Primero se manifiestan en forma de eritemas, edemas, picores o escozores; luego, pueden llegar a ocasionar ampollas (quemaduras de segundo grado). Por otra parte, el efecto calórico de las radiaciones solares también puede producir malestar general, con fiebre y dolor de cabeza (lo que, en términos médicos, llamamos “insolación”).
Para protegernos de los daños que causan las radiaciones solares a nuestra piel y a nuestro organismo existen diversos productos en el mercado. Básicamente, son tres: 1) Bronceadores; 2) Productos que se aplican después de la exposición solar, y 3) Fotoprotectores,
Los bronceadores aceleran la pigmentación cutánea. Son productos que, bajo la acción de la radiación ultravioleta UV, potencian la síntesis de melanina. Los autobronceadores no necesitan que la piel esté expuesta al sol: contienen sustancias naturales y sintéticas que colorean la piel y proporcionan un tono similar al conseguido con la exposición directa.
Los productos de aplicación tras la exposición solar se utilizan para hidratar, calmar, reparar, regenerar la piel y prolongar el bronceado. Sus principios activos suelen ser la caléndula, saúco, manzanilla, regaliz, gel de áloe vera, centella asiática, hipericón, aguacate, alantoína, aceite de borraja, aceite de onagra, derivados de la vitamina E, retinol y karité, entre otros.
Los fotoprotectores son preparados cuya misión es protegernos de los efectos dañinos del sol. Básicamente, previenen el fotoenvejecimiento y el cáncer de piel. Nuestra piel tiene unos mecanismos de defensa y adaptación para protegernos de las radiaciones ultravioleta UV e infrarroja IR, pero en algunas personas son ineficaces o insuficientes. La dosis de radiación solar que recibe nuestra piel depende de la latitud del lugar donde nos encontremos, la altura sobre el nivel del mar, la época del año, la hora del día, la presencia o ausencia de nubes y el espesor de la capa de ozono, entre otros factores.

Los filtros solares o fotoprotectores son productos que, por lo general, se aplican tópicamente, sobre la piel. Contienen sustancias con capacidad para absorber, reflejar o dispersar las radiaciones, evitando su penetración cutánea. La mayor parte de los fotoprotectores están preparados para protegernos de la radiación ultravioleta UVA y UVB. Sólo uno, Ladival, está preparado para protegernos, además, de la radiación infrarroja IRA, que es la más dañina de todas, al ser la que penetra más profundamente en nuestra piel, afectando a las mitocondrias que se encargan de nutrir a nuestras células cutáneas.
Información seleccionada del libro Cuidados de la piel, de la Dra. María Pilar Gil Sánchez y el Dr. Ignacio Sánchez-Carpintero Abad, editado por Everest.
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